Las pizzas de Gori Oliver.

¿Os habéis fijado? las cocinas se están llenando de gadgets absurdos monofunción, de diseños impecables, voluminosos y carísimos para hacer cosas que antes, perfectamente, hacíamos con un cuchillo o un sacacorchos. El comidista (del que somos fans en la intimidad pero al que algún día le escribiremos el post que se merece) ya le dedicó un ranking al tema hace unos años que podéis ver aquí y que nos sirve como introducción a algo que hace tiempo que queríamos contaros: cómo surgió la idea de crear CLAXON y las razones que nos mueven a cocinar todos los días.

Así pues, hace mucho muuucho tiempo (el que nos parece que ha pasado desde que abrimos en julio) solíamos ocupar el tiempo libre que nos dejaba nuestro trabajo organizando comidas en el campo con amigos. Para facilitar las cosas y conseguir que los comensales se integraran en el proceso de preparación de los platos, tomamos la pizza como base, y como referencia a Jamie Oliver y su forma de tratar, seleccionar e integrar productos a través de recetas mestizas, atípicas y poco rígidas.Nuestros banquetes campestres tenían otro condicionante: no podíamos usar más que una vieja barbacoa y dos paelleras.

Al final, como suele suceder cada vez que se ponen limitaciones a un proceso creativo (llamémosle cocinar o hacer un dibujo), los ingredientes espontáneos de los comensales acababan maridando de formas inesperadas y las pizzas-paella a la mallorquina convirtiéndose en un placer que empezaba mucho antes de comerlas.

De esos encuentros surgió una tribu, la de Gori Oliver, un personaje construido a base de influencias e ingredientes de aquí y de allá, que adora cocinar para sus amigos y también con ellos. Poco después, Gori abrió un restaurante. Y lo llamó CLAXON, un nombre que sonaba a toque de atención y que esperaba cruzar, como esos domingos en el campo, sabores y amigos de forma sencilla y espontánea.

PIZZAS GORI OLIVER